La primera y fundamental advertencia es no romper el dialogo con el hijo que se droga. No ayuda a nada recriminar, discutir con él. Tampoco es útil que los padres asuman la actitud de víctimas y usen frases del estilo de “así nos pagas todo lo que hicimos por vos” evidentemente, expulsarlo de la casa es una pésima decisión.
Establecer un dialogo franco con el hijo, sobre todo si se trata de padres que antes no dedicaron el tiempo y las ganas suficientes para ocuparse seriamente del hijo o si es el caso de esas familias que accedían a los caprichos del chico para desembarazarse de el.
Es necesario ayudar al chico a sentirse bien consigo mismo. Una baja autoestima favorece conductas autodestructivas. Ante los fracasos es bueno que los padres valoren los esfuerzos de sus hijos.
No es conveniente indagar sobre los inútiles detalles de cómo se droga, en todo caso los padres deberían preguntar solamente cuanto y desde cuando se drogan. No buscar aparentar aire doctoral en algo que se ignora.
No es bueno asumir un tono inquisitivo ni tampoco demasiado moralizante. Mucho menos tener compasión por el hijo. De nada sirve aceptar las excusas que pondrá el chico para justificar su conducta.
Tampoco conviene darle consejos inútiles. Cada uno, desgraciadamente, sabe equivocarse solo.
Los padres no se deben ilusionar con que es fácil restablecer con el hijo una buena relación. Es prudente que los papas busquen ayuda en quienes saben mas que ellos. Por ejemplo, de otros padres que han pasado por esta experiencia o del medico de familia, si se tiene uno, o de los expertos de los centros de ayuda públicos y privados.
No ceder nunca a los pedidos de dinero del hijo o a sus extorsiones con la ilusión de evitar lo peor. Es común que los padres se dejen engañar por las “escenas” de una crisis de abstinencia, que generalmente están cargadas de “arte”. No hay que olvidar que si ya depende de la droga, no querrá cambiar sus hábitos hasta que ha tocado fondo.
Una vez que los padres han enfrentado el tema con su hijo, debe plantearse como ayudarlo de modo concreto, especialmente informándose sobre todas las terapias de recuperación existente.
Es fácil fomentar actividades recreativas. Jugar con los hijos puede favorecer el entendimiento con ellos.
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